
- Hagamos un trato, dale: ¡No me hables más!
- Pero, ¿Cómo hago eso?
- Quedate callada.
- Pero...¿qué hago si hay algo importante que tenés que saber?
- No, no me lo digas, de todas formas siempre terminás haciéndome llorar.
- Creo que me gustan tus lágrimas.
- ¡COMO VAS A SER TAN CRUEL! Estoy cansada de las lágrimas, es que no lo has notado? Y ahora callate, callate que no quiero saber nada más de vos.
- No vengas a buscarme en tus ataques de racionalismo, ¿eh? No me busques cuando te sobrevengan las ganas de escaparte de tu cerebro...
- ¡NO TE ESTOY ESCUCHANDO!
- Me gustan tus lágrimas, porque después de ellas sonreís más claramente.
- ¡Estoy tan, tan cansada!
- Descansa, entonces, pero no pidas que me separe de vos.... no lo hagas...
...Y por fin se durmió, como todas las noches.

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