Me destrozaba por dentro todo el daño que te hice. Sentía que las veces que te pedí perdón no eran suficientes para curar todas esas heridas, heridas profundas de las que uno no se cura jamás. El corazón al que tanto había amado y sin el que nunca podría vivir estaba roto en pequeños trozos que ni siquiera el más hábil podría volver a juntar. Tenía que ser ciega para no ver todo el amor que sentías en esos ojos tuyos. Los ojos más bonitos y los más profundos que había visto en toda mi vida, en toda mi existencia. Ellos lo decían todo, tus pensamientos, tu dolor, tu valor y por supuesto tu amor el que yo tan ciegamente había ignorado hasta aquel momento en que diste tu vida para salvar la mía. En aquel momento lo supe todo. Parecía como si me hubiera quitado una venda de los ojos. Pero era demasiado tarde... demasiado tarde...el eco de las palabras me seguía sonando en la cabeza...demasiado tarde.
lunes, 17 de noviembre de 2008
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